jueves, 16 de julio de 2015

NIÑO FUEGO, NIÑA AGUA

¿Alguien conoce algún niño muy movido e inquieto?.

Había una vez un niño tan movido que solo con mirarlo se te cruzaban los ojos y se te erizaba el pelo.

Era el Niño Fuego, que un día despistado quemo la cola de un gato.



¡MIAUUUUUUUUUUU!.- maullaba el gato, yendo de un lado al otro con la cola de antorcha.

Pero siempre para arreglar los despistes del Niño Fuego estaba su mejor amiga, la Niña Agua.

Con un rápido movimiento de su mano disparo un fuerte chorro de agua sobre el espantado gato, apagando el fuego de su cola.

Peroooooooooooo ...

¡JAJAJAJAJA!.- reían los dos amigos, al ver al gato totalmente mojado.

¡Parece una ratita!.- exclamo el Niño Fuego.

¿Pero creéis que acabo todo aquí?.



No, porque en el momento en que más se estaba riendo lanzo una bola de fuego que fue a caer en un viejo árbol.

La Niña Agua comenzó a gritar.- ¡El viejo árbol esta quemándose!.

¡Apágalo!.- gritaba el Niño Fuego, pero tan nerviosa estaba la Niña Agua que era incapaz de reaccionar.

De repente el cielo se encapoto y una gran tormenta cayó sobre ellos. El viejo árbol se retorció, abriéndose paso en su tronco a una pequeña puerta, por la que cientos de zombis empezaron a salir.





¿Cómo podremos solucionar esto?.- le pregunto el Niño Fuego, a la Niña Agua.

¡Lo único que podemos hacer ahora es CORREEEEER!.- grito la Niña Agua.

Por mucho que corrían era imposible dejar atrás a aquellos zombis, así que fueron en busca del resto de sus amigos pensando en que la unión hace la fuerza y acabarían con esos feísimos zombis.

¡Niño Hielo, Niña Tormenta, ayudadnos!.- gritaban los dos amigos.

Sus amigos les pararon levantando la palma de la mano en alto y les dijeron.- ¿Quienes son todos esos amigos que os persiguen?.

¡Estáis turuletas, son ZOMBIS!.- grito el Niño Fuego, frunciendo el ceño.

¡Tranquilizaros y ver que pintas tienen esos zombis, os moriréis de risa!.- dijo la Niña Tormenta.

¡Jajaja, uno tiene un ojo colgando, otro tiene la oreja en el cogote, a otro se la cae la baba!.- se tronchaba de risa el Niño Hielo.

Más tranquilos vieron el espectáculo que los perseguía y empezaron todos a reírse.

¡Vamos chicos acabemos con ellos!.- gritaron todos.

¡Yo los rodeare con un aro de fuego!.- el Niño Fuego lanzo chorro de fuego rodeando a los zombis, que se agruparon en el centro del circulo de fuego.

¡Yo los rociare de agua!.- la Niña Agua los mojo (o chipio, como se dice en mi tierra) y apago el circulo de fuego.





¡Yo los helare, como cubitos de hielo!.- el Niño Hielo sin perder tiempo palmeo sus manos lanzando un frío helador que dejo a todos los zombis totalmente congelados.

¡Y yo los destruiré dejándolos como granizo!.- la Niña Tormenta empezó a dar vueltas sobre si misma creando un gigantesto tornado que al acercarse a los zombis helados los convirtió en pequeñas piedras de granizo.

¡BIEN, SOMOS LOS MEJORES!.- gritaban y saltaban los cuatro amigos.

La tranquilidad volvió a reinar, pero....

¿Creéis que el Niño Fuego no volvió a hacer una de las suyas?.



Colorín, colorado.

Este cuento se ha acabado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario