martes, 13 de mayo de 2014

MI QUERIDO GRAN GIGANTE



Como no contar la historia de mi querido gran gigante que daba todo su corazón a los demás en silencio y siempre regalando una sonrisa, aún en los momentos más difíciles.

En un claro del bosque de los diminutos duendes jardineros se oía la discusión entre dos de ellos, uno replicaba al otro:

- ¡Estás loco, como vamos a cortar el césped con los dientes!.- gritaba el duende rojo.

- ¡Siii, pues como una vaca se come el pasto!.- le contesto inocentemente el duende azul.

- ¡Habrá una solución mejor, pero esto tiene que estar preparado para la gran fiesta de la noche de las hogueras!.- replico el duende rojo.

De repente los arboles empezaron a tambalearse de un lado a otro apareciendo entre ellos un gran gigante que de la mano paseaba con ni niño pequeño.

Grito el duende azul.- ¡Es el gigante Juan y su pequeño Alberto, seguro que nos ayudará!

Cuando llegaron junto a los duendes, Alberto les pregunto.- ¿Qué os pasa que estabais discutiendo?, os ha oído mi papa y hemos venido para ver si os podemos ayudar.

¡Pues os lo agradeceríamos infinito porque tenemos que cortar el césped del claro del bosque y no nos ponemos de acuerdo, como hacerlo!.- Les dijo el duende rojo mientras se reía burlonamente el duende azul haciendo como si se comía un manojo de césped.

Sin pensárselo el gigante Juan froto sus manos y al abrirlas un corta césped apareció en ellas.

Alberto lo velocidad lo arrancó


¡BRUUUU, BRUM, BRUM, BRUM, BUMMMMMMMM!

y se puso a cortar todo el césped del claro del bosque.

Los duendes saltaban y bailaban de júbilo gritando.- ¡GRACIAS, MI QUERIDO GRAN GIGANTE!.

Alberto observo que a su papa le habían aparecido unas pequeñas alitas en la espalda y le pregunto.- ¿Papa, porque te han salido unas alitas?.

Juan desde lo alto le dijo a su pequeño.- ¡Cariño, papa está cansado y estas alitas me ayudaran a proteger a todos los míos!.

Juan y Alberto prosiguieron su camino cuando divisaron a otro duende jardinero. El pobre lloraba desconsolado al pie de un seto.

Juan le dijo a Alberto.- ¿Qué le pasa al duende verde?.

 Alberto tras preguntar al duende le dijo a su padre.-¡Papa es que no llega a cortar el alto del SETO!.

Y Juan repitió.- ¿EL TETO?

¡NO el SETO!.- le respondió Alberto.

¡TETO, SETO, TETO, SETO, TETO, SETO………….!, así estuvieron hasta que Juan se agacho y entendió lo que Alberto le repetía.

El gigante Juan recogió con cuidado las tijeras de podar del duende verde y añadiéndole dos grandes palos el pequeño duende pudo llegar a podar el alto del seto.

El duende verde le beso un píe y grito.- ¡GRACIAS, MI QUERIDO GRAN GIGANTE!.



Alberto observo que las alitas de su papa el gigante Juan crecieron de nuevo.


De camino a casa encontraron un gran tractor conducido por un viejo Trol que ayudaba en la cosecha del maíz de los duendes jardineros. El tractor había caído en un gran charco de barro y como no el gigante Juan intento ayudar.

Alberto se puso al volante del tractor, mientras  Juan y el Trol empujaban con todas sus fuerzas sin conseguir nada.

Juan le dijo al Trol.- ¡No te preocupes llamare a mis seis amigos y entre los siete podremos sacar el tractor del barro para que puedas seguir recogiendo el grano cosechado!.

Con solo dar tres palmadas aparecieron sus seis amigos con los que aunando fuerzas consiguieron sacar el tractor de su prisión de barro.

Sus seis amigos observaron como al gigante Juan le crecían de nuevo las alitas.

¿Estás bien?.- le preguntaron sus amigos.

¡Por supuesto!.- afirmo el gigante Juan esbozando una gran sonrisa.

Tras recibir un abrazo del gran Trol prosiguieron su camino el gran gigante Juan y su hijo Alberto, hasta llegar al pueblo que cuidaba Juan.

El pueblo había sufrido grandes penurias pero con el esfuerzo de Juan había conseguido que no les faltara de nada.

Pero en el horizonte se divisaban nubes cargadas de granizo que podían arruinar la cosecha que les haría pasar el año sin problemas, así que el gran gigante Juan haciendo un gran esfuerzo comenzó a soplar y soplar, con tal fuerza que alejo las nubes del pueblo y su amada familia.

El pueblo gritaba con alborozo.- ¡TE QUEREMOS, QUERIDO GRAN GIGANTE!.

Cansado el gigante Juan se sentó y unas enormes alas aparecieron tras él.

Abrazando a su pequeño hijo Alberto le dijo.- ¡Con estas grandes alas volaré, tan alto que en una nube podré descansar, pero no te preocupes porque desde allí arriba cuidaré de ti!.

Esa misma noche en el bosque celebraron la NOCHE DE JUAN, reuniéndose para celebrar con grandes hogueras haber tenido la suerte de ser parte de la vida de NUESTRO QUERIDO GRAN GIGANTE.



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